sábado, 18 de abril de 2015

Las claves del éxito de Vaughan Systems

Publicado por Alba Pérez Cortes en 22:02
Richard Vaughan, presidente y consejero delegado de Vaughan Systems.

“La comunicación empieza en el oído”, asegura el presidente y consejero delegado de Vaughan Systems, el señor Richard Vaughan. Al igual que el aprendizaje del inglés, en el que el 70% de las 3.000 horas recomendadas, es oído. 

El oído, escuchar, se convierte en la base esencial de los comunicadores pero, además, un buen comunicador debe imprescindiblemente tener pasión. “Cuando tienes pasión, crees verdaderamente en algo, te conviertes de inmediato en buen comunicador”, apuntó Vaughan en la conferencia que tuvo lugar el pasado jueves 16 de abril en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. 

Asimismo, debemos poseer un tema del que hablar, conocerlo a la perfección, creer en él y emplear lo que el empresario y profesor de inglés denomina “urgencia de transmisión” (proporcionar a las personas que te escuchan el porqué de tu interés en ese tema). Justamente la comunicación y el empleo de los medios como plataforma de distribución de cursos y contenidos en inglés ha sido lo que le ha llevado a convertirse en pionero en cuanto a materia de educación en inglés se refiere. 
Vaughan posee una televisión con una audiencia media acumulada de 3 millones de telespectadores, 7.300 oyentes diarios en su radio y en prensa, El curso definitivo del inglés, que se sitúa como el mayor coleccionable de Unidad Editorial.

El éxito de esta empresa se encuentra en la estrategia de comunicación pero también es “cuestión de las actitudes, con c, y no tanto de aptitudes”, asegura el propio Vaughan. Eso es lo que observa en las personas que decide contratar ya que es más fácil formar a alguien que tiene actitudes positivas que lo contrario. Por eso los profesor son la molécula, el valor añadido, de Vaughan Systems.“Solo un excelente profesor es capaz de dotar las vértebras necesarias y alentar, inspirar, a sus alumnos para que les acabe fascinando el inglés”.

Vaughan se guarda un as bajo la manga. Cada día aplica una fórmula matemática diseñada por él mismo que le lleva hacia la carretera del éxito. C+H+3xT=EF. La ecuación se compone de: C (confianza en uno mismo), H (humildad que se convierte en el componente más importante de la fórmula por dos razones: los soberbios nunca van a llegar a triunfar a largo plazo y sin ella no es posible el siguiente elemento) y 3xT (tres raciones de trabajo milimétrico puesto que “los genios no existen”). Esto deriva en EF (éxito y felicidad), la base de una vida plena y satisfactoria ya que “si fracasas en el ámbito profesional es casi imposible sentirse satisfecho”.

C+H+3xT=EF es una ecuación aplicable también a la hora de aprender un idioma puesto que hoy en día dominar el inglés abre puertas en el mercado laboral. A las empresas le importa casi en un 90% el recuadro de los idiomas más que todo el curriculum. No se aplica la regla: cuántos más títulos mayores oportunidades laborales. Basta con tener los conocimientos adecuados para el puesto deseado y sumar cuántos más idiomas mejor. Por eso debemos ser conscientes de que en cuanto dominemos el inglés las puertas se irán abriendo ya que este idioma es y seguirá siendo el primero del mundo.

“Conseguir controlar el inglés es cuestión de un planteamiento personal” ya que el sistema educativo no va a resolver las carencias en esta materia. “Nos llega la gente del sistema educativo con los huesos rotos. Nos toca a nosotros reromperlos, resoldarlos y rehabilitarlos para poder dar unos pinitos eficaces en inglés”, explica Vaughan. Para eso hay que disponer de 3000 horas que se reparten proporcionalmente: 20% clases con excelentes profesores, 40% de estudio (no tiene por que ser a base de hincar codos. Se trata de estar en contacto con el idioma) y el otro 40% pasando apuros (la seguridad viene de cuatro cosas: inteligencia, conocer los temas que competen, entender a la primera y conocer la gramática básica). “Todo lo demás sobra”, sentencia Vaughan.

La edad para poner pies en el camino del aprendizaje es equiparable a la oferta de trenes españoles; de 0 a 5 años nos encontramos sentados en el AVE (dominio en un santiamén), de 6 a 13 años en el TALGO (buen tren que permite dotarse de la parte auditiva y perderle el miedo al idioma), de 13 a 23 años nos situamos en un renqueante tren del siglo XIX (a base de carbón llega a su destino) y a partir de los 23 años hay que ir a pie sobre las vías (no hay tiempo para abordar las 3000 horas de contacto con el idioma). 


“La única magia que yo hago es motivar a alguien a invertir 3.000 horas y sudar como un pollo para hacerse con el dominio del inglés”, concluye Richard Vaughan. Su magia, su éxito, se esconde en esa frase, en la fórmula matemática, en no temer decir que sí y en tener siempre una actitud positiva en la vida porque si “piensas mal perderás mil oportunidades potenciales”.

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